O Tèxtil va a Madrid – Mesa redonda

La búsqueda de lo auténtico: cuando la identidad se convierte en experiencia.

Una Experiencia dentro de “Visit Empordanet”

En el corazón del Baix Empordà, allí donde la naturaleza y la calma invitan a la creación, el taller O Tèxtil te invita a desconectar del ruido exterior para conectar con tus propias manos. Estas experiencias forman parte de Visit Empordanet, una iniciativa turística que une a los municipios de La Bisbal d’Empordà, Forallac, Cruïlles, Monells, Sant Sadurní de l’Heura, Corçà y Ullastret para poner en valor el alma artesana y el paisaje de nuestro territorio.

El ritual de tejer: Más que una técnica

Aprender el arte del telar no es solo adquirir una destreza ancestral; es sumergirse en un proceso meditativo. Dentro de una antigua bóbila, entre hilos naturales cada participante teje su propia historia, recuperando un oficio antiguo que dialoga con la contemporaneidad. Una invitación a vivir el “tiempo lento”, donde cada nudo y cada trama albergan una memoria personal y colectiva.

O TEXTIL, un proyecto de artesanía textil hecho con telares, con mucho cuidado por los materiales, por los procesos y por el tiempo.

Si pensamos en el siglo XX, el progreso se asoció sobre todo al desarrollo material: producción, rapidez, abundancia, lujo brillante y ostentoso. Pero en el siglo XXI estamos entrando en un nuevo paradigma. El lujo ya no es tanto acumulación ni espectacularidad; es otra cosa. Es silencio, es coherencia, es autenticidad.

El nuevo lujo tiene que ver con la recuperación de valores humanos. Con objetos que no engañan, que tienen una historia detrás, que llevan incorporados valores tradicionales pero dialogando con el presente. Una artesanía contemporánea y viva, en la que el creador tiene un papel indispensable.

En mi caso, trabajar con telares es casi un acto de resistencia al acelerado ritmo. La producción es muy limitada. Cada prenda tiene un proceso lento, y el tiempo no es un enemigo: el tiempo mejora el producto. Me acuerdo de cada pieza que hago, de cada encargo, de cada cliente. Esta estrecha vinculación con lo que creo forma parte de este nuevo lujo.

El lujo experiencial es también hoy sensorial. Es jugar con texturas, colores, olores. Es armonía y tranquilidad. Es una experiencia que invita a la reflexión. Cuando una persona toca una prenda tejida a mano, hay una percepción física, pero también emocional.

La nueva artesanía se ha desvinculado del producto folclórico. Ya no es sólo tradición repetida: es artesanía conceptual. Es utilizar la artesanía como herramienta, no como finalidad. Es aportar una visión artística que sitúa a la marca dentro de unos referentes culturales contemporáneos.

Vemos cómo grandes casas como Hermès, Louis Vuitton o Loewe han vuelto a poner el foco en el oficio, en la alta costura, en la mano, en el virtuosismo. Esto nos indica que el futuro del lujo pasa por esa conexión entre creatividad, calidad y oficio.

Mi proyecto quiere aportar justamente esto a la mesa: una mirada donde la marca no sólo vende un producto, sino que comunica un estilo de vida, una relación con los objetos, una forma de estar en el mundo. Adaptarse a las características de cada encargo, incorporar pequeños gestos personalizados… todo esto forma parte de una forma de entender el lujo como experiencia íntima, no masificada.

La búsqueda de lo auténtico: cuando la identidad se convierte en experiencia.

Dirigida por María Almenar

¿Qué diferencia una experiencia auténtica de una que simplemente está bien empaquetada? ¿Cómo sabemos que estamos frente a algo realmente genuino?

“La diferencia es la presencia del creador. Una experiencia empaquetada se puede repetir mil veces igual; la artesanía no. En mi taller, el cliente toca la fibra, huele la lana y ve el error y el acierto en el proceso. Eso no se puede fabricar artificialmente”.

¿Cómo proteger el territorio y evitar que se convierta en un decorado?

“Para que un territorio no se convierta en un simple decorado vacío, la clave es la red de productores y proyectos locales. La interrelación entre nosotros no es solo una opción, es la garantía de que el sistema siga vivo y sea real.

Yo lo veo como un engranaje: si nos apoyamos y dependemos los unos de los otros para nuestras producciones, cada pieza aporta una cara distinta del mismo prisma territorial. Cuando esas conexiones se rompen y cada uno empieza a mirar solo por su propio resultado individual, la autenticidad se va al garete. Es en ese aislamiento donde se abre la puerta a la especulación y donde el paisaje corre el riesgo de volverse una cáscara vacía, un escenario para la foto pero sin alma.

Por eso, creo que la unión de los pequeños productores vinculados a la tierra es esencial. Proyectos como Visit Empordanet son cruciales en este sentido, porque no solo nos promocionan, sino que ponen de relieve la diversidad de artesanos y proyectos locales. Al visibilizarnos como un conjunto, nos ayudan a recordar que la identidad de un lugar no la hace un logo, sino la suma de nuestras manos trabajando en él”.

O TÈXTIL no es una isla, sino parte de algo más grande

¿Dónde está la línea entre compartir una experiencia y convertirla en un espectáculo?

“Yo creo que el espectáculo, por sí solo, no es algo negativo; el artificio puede ser bello siempre y cuando sea capaz de sacudirnos, de despertar una memoria o de llevarnos a una reflexión. Sin embargo, la línea que separa el espectáculo de la experiencia auténtica está en las raíces.

Lo que hace potente a una experiencia es que tiene prácticamente asegurado que dejará un poso en quien la vive. Pero para que eso ocurra, para que no sea solo un fuego de artificio que se apaga al terminar, debe estar vinculada a una idea con cimientos: ya sea el territorio, la cultura o el oficio.

En O TÈXTIL, por ejemplo, el ‘espectáculo’ podría ser ver el movimiento rítmico del telar, que es visualmente muy magnético. Pero la experiencia real empieza cuando el visitante entiende que ese ritmo es el mismo de hace siglos, toca la fibra y comprende el tiempo que hay detrás. Si hay raíz, hay reflexión posterior; y si hay reflexión, la experiencia permanece y el territorio se respeta, evitando que se convierta en una simple distracción pasajera”.

¿La autenticidad se puede realmente predecir, diseñar, crear… o simplemente ocurre?

“Desde mi punto de vista, la autenticidad es algo que se trabaja, pero que nace de una necesidad profunda de crear; algo que sale de dentro. No creo que se pueda diseñar artificialmente, porque requiere una coherencia inicial y un propósito que va mucho más allá de los resultados comerciales.

Para mí, la autenticidad ocurre cuando ese propósito se alinea con unos principios éticos y con el entorno, tanto geográfico como histórico. Es entonces cuando sucede esa ‘alquimia’ y el proyecto empieza a resonar con una necesidad real de la sociedad. Quizás es, simplemente, que una ha sabido hacer una buena lectura de la ‘temperatura social’ actual.

En mi caso, el tema textil fue una alineación vital. Después de 10 años trabajando en arte contemporáneo pero muy centrada en la pantalla del ordenador, sentí la necesidad física de volver a las manos, al tacto. Fui consecuente con ese sentimiento, aunque al principio pareciera una locura.

Recuerdo que me forzaba a cerrar el ordenador y a sentarme en silencio en mi espacio de la bóbila, todo enyesado de blanco, simplemente a esperar a que mi intuición me hablara. Parecía una pérdida de tiempo, pero yo sabía que, si escuchaba lo suficiente, la verdadera necesidad aparecería, sin filtros. Y así fue: mis manos empezaron a querer crear y el lenguaje que encontraron fue el de los telares. Empecé desde lo más básico, un marco de madera emulando el telar neolítico, y a partir de ahí todo fluyó de manera orgánica porque era, sencillamente, verdad.”

¿Cómo influye la Costa Brava y el Pirineo de Girona en lo que hacéis? ¿Tendría sentido vuestro proyecto en otro lugar?

“Mi taller está rodeado de campos y silencio. Ese ritmo del Empordà es el que marca el ritmo de mi telar. En un mundo tan acelerado, trabajar aquí es un acto de resistencia. El proyecto tiene sentido aquí porque bebe de la calma de este paisaje, es más, podría decir que mi propuesta es una respuesta a la calma del entorno, me gusta mimetizarme con él.

¿La tramontana ayuda o complica a la hora de emprender aquí?

“Para mí, más que una complicación, la tramuntana es un ingrediente indispensable de mi proceso creativo. Es un viento que te obliga a recogerte, que provoca muchos momentos de ‘puertas adentro’ y de soledad buscada.

En el taller, ese recogimiento es necesario para concentrarse, para crear y para alinearse con uno mismo. Es un silencio casi obligatorio que necesito para luego poder abrir el espacio y compartir lo que he creado.

Y, por supuesto, está lo que viene después: soy una gran admiradora de la limpieza del paisaje que deja la tramuntana. Esa luz tan pura, tan nítida, es la que acaba de dar sentido a todo lo que hacemos aquí. Para emprender en este territorio, hay que saber entender sus ritmos, y la tramuntana es, simplemente, el ritmo del Empordà dictando cuándo toca mirar hacia dentro”.

Si la Costa Brava y el Pirineo de Girona fueran una postal creada a través de vuestras experiencias, ¿qué pondríais en ella?

“Si mi postal tuviera que capturar la esencia de este territorio, no sería una imagen estática, sino una experiencia de capas. En esa postal pondría, sin duda, la luz especial del Empordà entrando por los ventanales de la antigua bòbila. Una luz que baña la madera antigua y hace brillar la lana blanca de los rebaños que pastan cerca.

Añadiría una banda sonora muy sutil: el trino de los pájaros entre los campos y las flores, mezclado con el rítmico sonido del telar. Para mí, esa combinación de sonidos es la definición del tiempo lento; ese lujo de poder trabajar con calma y con sentido.

En definitiva, mi postal sería una invitación a tocar la materia y a respirar este luxe silenciós que solo se encuentra cuando nos permitimos, simplemente, estar presentes.”

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